El invierno estaba triste. La primavera le había echado, trayendo con ella las flores, el calor, los revoloteos hormonales y las ropas etéreas. Vagó por la ciudad en busca de un lugar fresco para refugiarse, pero todo el mundo cerraba la puerta para que no se escapara el aire acondicionado.
"Ya no me gustas como antes, Mario. Creo que deberíamos dejarlo.", dijo ella.
El invierno vio cómo un agujero se abría justo donde termina el esternón, y decidió echar una ojeada. Era cómodo. Estaba vacío, y una brisa helada recorría la caja torácica.
Y así el invierno se quedó a dormir bajo las costillas de Mario.
jueves 6 de octubre de 2011
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1 personas realmente amables han comentado que...:
Deberías escribir un libro.
Y no puedo evitar preguntar, ¿Mario, el que salió del armario? Creo que no seria yo mismo sin ese chiste malo.
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