Siguen abrazados. No se dan besos babosos y ostentosos como la mayoría de las parejas que hay ahí, solo se abrazan y se recrean en el abrazo, lo aprovechan. El mundo parece haberse parado para ellos dos. Al cabo de mucho rato, un eón o dos, o incluso tres, se separan y se miran. Se miran despacio a los ojos. Es complicado entender el concepto de mirarse despacio. Incluye un tiempo indeterminado, dos pares de ojos y dos personas que se miren despacio, no necesariamente en ese orden. Se miran. Se miran sin palabras, porque no las necesitan. No tienen nada que decirse. Nada que se pueda decir con la voz. Porque están hartos de etiquetas. No son novios. Son él y ella. A ella le gusta estar con él y a él le gusta estar con ella. Les gusta mucho estar con el otro. Y punto. Se vuelven a abrazar, un poco menos suave, cierran los ojos y los puños. Es un abrazo un poco más corto que el anterior, pero más intenso. Se vuelven a mirar despacio, el uno al otro. Luego miran despacio hacia delante. Se cojen de la mano. Suave, pero con fundamento. No ostentosamente, como el resto de las parejas que hay ahí. Se cojen la mano como si tuvieran ochenta años y como si se conocieran desde hace setenta. Y empiezan a caminar. No importa hacia donde caminan, solo que caminan juntos.
lunes 28 de septiembre de 2009
Él y ella.
Están abrazados. Él entierra la cabeza entre el hombro y el cuello de ella. Se abrazan suave, pero se nota que se han echado de menos. No expresan demasiado con la cara, de hecho casi parece que tienen cara triste. Es porque si sonrieran en proporción a lo que están sintiendo en ese momento no les cabría la boca en la cara. Pero se nota en las manos, estarían agarradas a la espalda si la espalda fuera algo agarrable. Porque no lo es, es plana. La mayoría de ellas, al menos.
Siguen abrazados. No se dan besos babosos y ostentosos como la mayoría de las parejas que hay ahí, solo se abrazan y se recrean en el abrazo, lo aprovechan. El mundo parece haberse parado para ellos dos. Al cabo de mucho rato, un eón o dos, o incluso tres, se separan y se miran. Se miran despacio a los ojos. Es complicado entender el concepto de mirarse despacio. Incluye un tiempo indeterminado, dos pares de ojos y dos personas que se miren despacio, no necesariamente en ese orden. Se miran. Se miran sin palabras, porque no las necesitan. No tienen nada que decirse. Nada que se pueda decir con la voz. Porque están hartos de etiquetas. No son novios. Son él y ella. A ella le gusta estar con él y a él le gusta estar con ella. Les gusta mucho estar con el otro. Y punto. Se vuelven a abrazar, un poco menos suave, cierran los ojos y los puños. Es un abrazo un poco más corto que el anterior, pero más intenso. Se vuelven a mirar despacio, el uno al otro. Luego miran despacio hacia delante. Se cojen de la mano. Suave, pero con fundamento. No ostentosamente, como el resto de las parejas que hay ahí. Se cojen la mano como si tuvieran ochenta años y como si se conocieran desde hace setenta. Y empiezan a caminar. No importa hacia donde caminan, solo que caminan juntos.

Siguen abrazados. No se dan besos babosos y ostentosos como la mayoría de las parejas que hay ahí, solo se abrazan y se recrean en el abrazo, lo aprovechan. El mundo parece haberse parado para ellos dos. Al cabo de mucho rato, un eón o dos, o incluso tres, se separan y se miran. Se miran despacio a los ojos. Es complicado entender el concepto de mirarse despacio. Incluye un tiempo indeterminado, dos pares de ojos y dos personas que se miren despacio, no necesariamente en ese orden. Se miran. Se miran sin palabras, porque no las necesitan. No tienen nada que decirse. Nada que se pueda decir con la voz. Porque están hartos de etiquetas. No son novios. Son él y ella. A ella le gusta estar con él y a él le gusta estar con ella. Les gusta mucho estar con el otro. Y punto. Se vuelven a abrazar, un poco menos suave, cierran los ojos y los puños. Es un abrazo un poco más corto que el anterior, pero más intenso. Se vuelven a mirar despacio, el uno al otro. Luego miran despacio hacia delante. Se cojen de la mano. Suave, pero con fundamento. No ostentosamente, como el resto de las parejas que hay ahí. Se cojen la mano como si tuvieran ochenta años y como si se conocieran desde hace setenta. Y empiezan a caminar. No importa hacia donde caminan, solo que caminan juntos.
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4 personas realmente amables han comentado que...:
Intenso. Precioso.
Precioso, me ha encantado =)
Es tan hermoso que me ha hecho llorar...
¡Saludos de tu admiradora!
Awww, ¡es tan enternecedor...!
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