Sobre el lenguaje inclusivo

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Querida persona que se burla del lenguaje inclusivo,

Tal vez creas que es ridículo, absurdo e incorrecto escribir todxs, tod-s, tod@s, o todes. Que no es el lenguaje el que es machista sino el uso que se le da, o viceversa, o que es la sociedad la que es machista. Tal vez incluso piensas que la sociedad ni siquiera es machista y el lenguaje tampoco lo es, pero entonces no me dirijo a ti (tienes demasiado que aprender y me da pereza contártelo).

Supongamos que sólo me dirijo a alguien que piensa que el lenguaje inclusivo es feo, absurdo, incorrecto, ridículo e inútil. Que cree que merece su burla, y las personas que lo usan merecen ser ridiculizadas, porque piensan que hacen algo para la causa cuando cambian todas las aes y oes por equises.

Te diré un secreto. A mí me parece feo. Y es, en muchas ocasiones, incorrecto. Personalmente, hago lo posible por usar términos neutros, aunque a veces no hay, y me quedo en el masculino "que incluye a todo el mundo". Puede ser discutible que el lenguaje sea machista, y que sólo sea un reflejo de la sociedad que sí lo es (ahí sí que no hay discusión). Pero una cosa te voy a decir. No me oirás quejarme ni burlarme del lenguaje inclusivo.

Hay gente que está haciendo un esfuerzo para que la sociedad sea distinta, y les parece adecuado hacerlo a través del lenguaje. Hay gente que cree que escribir de una manera que no es aceptada ni respetada va a ayudar a que cambie el hecho de que si alguien habla de otro alguien de manera genérica, por defecto pienses que se está refiriendo a un hombre. Esa gente sabe perfectamente que se expone al escarnio de gente como tú, querida persona que se burla del lenguaje inclusivo. A mí, a pesar de que pueda ser feo o incorrecto, lo que me parece sobre todo es valiente.

En resumen, si alguien piensa de verdad que cambiar el lenguaje va a ayudar a cambiar una sociedad que realmente ha de ser cambiada, ¿por qué te burlas? ¿qué haces tú?

Atentamente,
Beatriz Sevilla


Adultescentes

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– (...) Ya sabes cómo son los adolescentes.
– Sí, como personas.

Suponiendo que estar en la intersección de adultos y adolescentes me da derecho a dirigirme a cualquiera de los dos colectivos de parte del otro;




Queridos adultos,

       Es muy tópico y muy típico recordaros que vosotros también fuisteis adolescentes. Tan típico y tópico que pierde significado, aparte de la diferenciación que tendéis/tendemos a hacer entre los adolescentes de cuando vosotros/nosotros éramos adolescentes y los adolescentes de ahora.

       Para evitar la pérdida de significado, os lo voy a plantear de otra manera. Los adolescentes "de ahora", es decir, nosotros, de la misma manera que cualquier otro colectivo, no somos diferentes de vosotros ninguna manera fundamental. Que hayamos vivido un poco menos y crecido en otro milenio no es, yo creo, una manera fundamental de ser diferente.

       Creemos que lo sabemos todo en la misma medida en la que vosotros creéis que lo sabéis todo, es decir, dentro de lo que conocemos. Fuera de ello estamos tan desorientados, confusos y asustados como vosotros fingís no estar, y fingimos no estarlo de la misma forma que vosotros. La única diferencia que podría haber es que cada vez hay más cosas sobre las que fingir no estar desorientados, confusos y asustados. Digo podría porque no sé si más adelante sigue habiéndolas, o cada vez hay menos, o cada vez hay más.

       No sé si vosotros aún lo seguís siendo, pero sí sé que nosotros somos adultos en formación. Sé que, consciente o inconscientemente, ahora es cuando entendemos el sentido de las preguntas grandes más allá de lo tópico. Es cuando nos empezamos a hacer esas preguntas, no sé si luego las olvidamos o seguimos haciéndonoslas, y cuando vemos que son preguntas más de pensar y menos de responder.

       Entiendo que, de la misma manera que nosotros prevenimos a los de la ESO de lo difícil que es segundo de Bachillerato, vosotros nos contéis cómo vosotros tampoco queríais tener hijos y mirad ahora, ya veréis como luego cambiáis de opinión. Ya veréis como dentro de no mucho lo dejáis con quien sea que estéis saliendo, que a esa edad las relaciones nunca duran mucho. Ya veréis como aunque digáis que no vais a casaros, os acabáis casando. Ya veréis como termináis viviendo en Vallecas en lugar de en Londres.

       Hemos vivido menos, pero podemos ver a las personas que han vivido más. Somos perfectamente conscientes de que la mayoría de la gente acaba teniendo hijos, acaba dejándolo con quien saliera en el instituto, y viviendo en el Vallecas de turno y no en una ciudad de ensueño. Pero nos aferramos a que, como dice Dr. Cox de Scrubs, "statistics mean nothing to the individual".

       Os voy a explicar de la manera menos tópica (y por tanto menos poética) que se me ocurre por qué no deberíais decirnos cómo vamos a ser de mayores. Estamos al principio del proceso (que probablemente no termine del todo nunca) de hacernos a nosotros mismos como individuos. Lo más invasivo que podéis hacer a nuestra privacidad personal adulta recién adquirida, lo peor que podéis hacer es decirnos cómo vamos a ser. La precisión de vuestras hipótesis sobre cómo vamos a ser es lo menos relevante en este asunto.

       Pasando a la parte tópica (que no lo es por nada), queridos adultos, no nos invadáis el futuro. Dejadnos soñar. Dice John Green en Paper Towns, con toda la razón del mundo, que imaginar el futuro es una clase de nostalgia, pero que si no imaginas, nunca pasa nada.

       Y cuando soñamos con vivir en Londres, es cuando podemos vivir en Londres.

       Atentamente,

αυγή

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       La noche está muriendo. Vuelves a casa por calles azuladas que inspiran canciones y ese tipo de ideas que sólo parecen buenas antes de que salga el sol. La ciudad está invadida por palomas y sus súbditos semiborrachos que vuelven a casa, real o imaginaria.

       Sigues andando, te adelanta una chica fantasma en bicicleta. Supones que, como todos, en el fondo va en busca de significado. Te preguntas si hay más probabilidades de encontrarlo en un trabajo de esos que comienzan en la frontera entre tarde y pronto; o en el fondo de una botella de vodka de caramelo.

       Una sonrisa sin dueño te mira como burlándose de la supuesta exclusividad de tus pensamientos. Hay mástiles de fragata asomando de las azoteas de los edificios. Piensas que es curioso que haya una calle de barcos en tu barrio, nunca la habías visto. Hacia dónde irá la flota, te preguntas. Tal vez en la misma dirección que la chica fantasma.

       Todo parece moverse en dirección a algún concepto, nada se queda en el mismo sitio mucho más de un parpadeo. Incómodo, pero necesario; la vida no funcionaría si todo se quedara donde estaba antes. Las obras de la calle de al lado se mueven hacia alguna clase de final, el instituto de la izquierda se mueve hacia alguna clase de vejez, y la chica con tacones envuelta en papel de aluminio que acaba de salir del metro se mueve hacia alguna clase de perfección. Su propio concepto de perfección. O más bien hacia el concepto que ella cree que el mundo tiene, que es ligeramente más peligroso.

       Una cucaracha te saluda, y la sonrisa sin dueño observa tu sobresalto y parece todavía más burlona. Siempre hay alguna razón para burlarse de cualquiera, piensas, y le devuelves la sonrisa, riéndote de su ausencia de dueño.

       El azul de las calles se va convirtiendo en amarillo, sin pasar por verde, de alguna manera. Es hora de dormir, piensas.

       Dormir, tal vez soñar.

La joven de la perla

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       Hoy estaba de visita en una casa en la que nunca había estado antes y, fijándome en una de las tres cosas que primero localizo cuando voy a una casa nueva (los libros, los discos y los cuadros), he visto una copia de La joven de la perla. Era bastante parecida a la realidad, pero le faltaba el pendiente de la perla. "Lo hizo mi hija cuando era pequeña", me dijeron. Y llevo desde entonces pensando.

       "Qué bonita metáfora" es lo primero que pensé (también lo primero que dije, y me llevé el correspondiente reproche porque todo provoca en mí un "qué bonita metáfora"). Dice Shakespeare en la boca de Julieta que no importa el nombre que le damos a las cosas, "a rose by any other name would smell as sweet", pero yo ya no estoy tan segura. Que alguien pequeño (aunque no sabemos cuánto de pequeño) copie el cuadro y se deje la perla me hace pensar que no sabía el título, y por lo tanto, no sabía que "la parte más importante" era la perla. ¿Significa eso el nombre de algo realmente condiciona ese algo? ¿significa que si las cosas no tuvieran nombre (aunque fuera terriblemente incómodo), no estaríamos tan atados a lo que alguien decidió que sería su nombre, y nosotros decidiríamos qué es lo importante de cada cosa?

       A lo mejor simplemente la pobre muchacha olvidó de pintar la perla. Pero pensándolo mejor, lo importante de las cosas no son las cosas en sí sino lo que significan, ¿no?

8 de marzo

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Siempre he pensado que eso de conmemorar el día de las mujeres era una tontuna, y que no se consigue igualdad para un colectivo poniéndole un día en el calendario. No sólo con el día internacional de las mujeres, sino con todas las fechas, realmente. Hay que hacer saber a la gente que quieres que la quieres todos los días, y no solo San Valentín; qué tontería es esa de celebrar el cumple de un hippie que vivió hace más de dos mil años con regalos, banquetes e incómodas (o no) comidas familiares, cuando en realidad su cumpleaños ni siquiera fue en diciembre, y en realidad nadie sabe mucho sobre ese señor, en cualquier caso; qué igualdad va a dar para un colectivo hacer un desfile que tapona un barrio entero y parte del extranjero, y está lleno de colores y confeti y música.

Porque después de todos estos años, se sigue pagando menos a las mujeres, se sigue tratando no-todo-lo-bien-que-se-debería a la gente a la que se quiere, se sigue estando incómodo en las comidas familiares, y se sigue despidiendo empleados porque a alguien le molesta con quién se acuestan.

Aunque en realidad, mirado con un poco de perspectiva, sí que han mejorado las cosas. Podemos llevar pantalones, abortar (de momento), y ser, bueno, personas. No puedo asegurar que una parte de la causa de estos avances sea que se haya puesto un día para recordar que un señor le prendió fuego a una fábrica en la que un grupo de mujeres se prendió fuego. Tampoco puedo asegurar lo contrario.

Sólo sé que (llámalo intuición femenina, irracionalidad, charlas maternas, o combinaciones de éstas), no parece del todo absurdo que haya un día puesto específicamente para pensar en lo que hemos conseguido, lo que no hemos conseguido, cómo hemos llegado hasta aquí, cómo vamos a seguir adelante, qué valientes esas señoras que se encerraron, qué decisión más terrible de ese señor, y ese tipo de cosas.

Y además está el hecho de que los seres humanos tenemos cierta tendencia a dejar las cosas para luego, y a que se nos pase eternamente hacer cosas que no tienen fecha. Ya lo dice Mafalda: "Como siempre, lo urgente no deja tiempo para lo importante". Así que, si no hubiera días concretos para pensar sobre cosas importantes, pero no urgentes, ¿cuándo pensaríamos sobre ellas?

Primavera

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El invierno no es consciente del paso del tiempo, no es más que una estación. Cuando la primavera llegó a Mario, tan bien podrían haber pasado tres días como tres años.

La primavera tomó rasgos de mujer, con ojos de un color inventado, voz de café y movimientos de pantera.

Y así fundió la cama de escarcha que se había hecho el invierno y se instaló allí, llenando la caja torácica de Mario de calidez y olor a bosque.

Invierno

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El invierno estaba triste. La primavera le había echado, trayendo con ella las flores, el calor, los revoloteos hormonales y las ropas etéreas. Vagó por la ciudad en busca de un lugar fresco para refugiarse, pero todo el mundo cerraba la puerta para que no se escapara el aire acondicionado.

"Ya no me gustas como antes, Mario. Creo que deberíamos dejarlo.", dijo ella.

El invierno vio cómo un agujero se abría justo donde termina el esternón, y decidió echar una ojeada. Era cómodo. Estaba vacío, y una brisa helada recorría la caja torácica.

Y así el invierno se quedó a dormir bajo las costillas de Mario.